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Se me plantea la realización de una figura de “Don Quijote”. Rápidamente llegan a mi memoria escenas del hidalgo en tierras manchegas, luchando contra molinos de viento como si de gigantes encolerizados se tratara. Me sobrevuelan ideas sobre porqué una persona llega a ese  estado de inconsciencia consciente y me agarro a la cruda realidad para no mezclar recuerdos con sueños y a la vez protegerme de las dudas sobre si el germen de la locura, no estará repartido también entre mis genes, y algún día hará de las suyas.
De tanto leer libros de caballerías, Quijote enloqueció, quedando en ese “estado ideal” en el que podría realizar por fin su gran sueño de ser armado caballero y enfrentarse a cualquier enemigo por grande y poderoso que fuera y no haría sino incentivar su gran poder. De ésta forma obtendría la gloria que tanto anhelaba y que en su cordura o no había sido capaz de hallar. Si su vida en la razón fue aburrida y yerma, en la locura se convierte en el paradigma de todo soñador, consigue lo que desea y pelea por lo que cree justo, quiere impartir justicia a toda costa sin importarle las consecuencias. Su mundo ideal se desmorona a los ojos atónitos de sus semejantes pero él ya ha pasado la linea y está decidido a llevar hasta sus últimas consecuencias el cambio de realidad.